Publicada por Publimetro Colombia

– Julio 12 de 2017 –

Okja, dirigida por el surcoreano Bong Joong-ho, es la cuarta película más vista en Corea del Sur, donde se estrenó y transcurre parte de su trama. Fue ovacionada en el Festival de Cannes como una extraordinaria novedad y ha sido objeto de críticas cinematográficas que coinciden en apreciar el equilibrio que logra entre la belleza y el horror. En efecto, Okja transmite, a la vez, la autenticidad del amor que podemos llegar a sentir por los animales y el daño que somos capaces de infligirles por el capricho de comérnoslos y lucrarnos de su explotación.

Okja cuenta la historia de una cerda gigante producida por la industria ganadera intensiva, transgénica y agroquímica, cuya motivación es, al mejor estilo publicitario, ‘alimentar al mundo’. Su patética creadora, una mujer atormentada por sus propias miserias, recurre al eslogan de lo ‘ecológico’ para infiltrarse en el mercado ‘bio’ y satisfacer la demanda de consumidores incautos que ceden a la promesa del ‘cerdo feliz’. Como parte de este engaño, la empresa cárnica contacta a granjeros evocadores de la añoranza por la ‘vida orgánica’, de donde nace la extraordinaria amistad entre Mija, la pequeña heroína, y Okja, un animal sensible e inteligente, aunque torpe por su artificial gigantez.

Llegado el momento de poner a producir a los ‘superlechones’, Okja es sometida a los vejámenes de un tortuoso viaje y posteriormente a los horrores de la industria cárnica. En la trama, aparecen personajes como el veterinario ‘amigo de los animales’, que no es más que un fraude del mundo del espectáculo, activistas del Frente de Liberación Animal, con sus errores e ímpetu libertario no violento y, por supuesto, los consumidores, presas fáciles de estrategias de mercado para emocionar y suscitar el deseo de consumir.

Okja es una ‘preciosa’ denuncia contra la industria ganadera: sus montajes publicitarios, su soterramiento (todo ocurre tras los muros, incluida la ocupación de indocumentados), su delirante carrera por la rentabilidad y su brutal violencia contra los animales, inescindible de la violencia contra las personas. Lejos de la ficción, la gigantez de la cerda es una caricatura de la ‘mastodontización’ que esta industria produce en los animales para inflar sus carnes en tiempo récord durante su estancia en verdaderos campos de concentración. Como resume la protagonista en una frase lapidaria: “todo es comestible, excepto sus chillidos”.

Mediante cámara oculta, Okja nos permite ‘acceder’, por un breve instante, a la barbarie del matadero: no tanto a la del cuerpo sangrante o inerte, como a la del miedo, la tristeza y el dolor de los animales. Sin embargo, el manejo cinematográfico hace sutil el horror. Ojalá alguna vez tengamos el coraje de mirar de frente tan abrumador e innecesario sufrimiento.

¿Cuándo decretamos que el destino de algunos animales era el matadero? Okja nos confronta, nos hace tomar partido. Es una película sobre nuestro pensamiento crítico y capacidad de empatizar con la alegría y el sufrimiento. La emoción que nos produce habla de nosotros mismos.

La fantástica lucha de Mija por salvar a su amiga es la de quien se resiste a hacer parte de un sistema cruel de producción y es capaz de actuar motivado por el valor que infunden el amor y la compasión. Para nosotros, es cuestión de optar.

Una fascinante versión ficcional de la realidad. ¡Véala!